Elizabeth Blackwell

Elizabeth nació el 3 de febrero de 1821,  en Bristol, Inglaterra. Sus primeros once años  transcurrieron felices en el próspero y culto entorno familiar de su numerosa familia, comenzando su temprana educación en el hogar paterno, con institutrices y maestros privados que incentivaron en ella la pasión por la lectura y la adquisición de conocimientos. En 1832 sus padres, Samuel y Hanna, decidieron trasladarse a los Estados Unidos motivados por el decaimiento de los recursos financieros y por sus liberales concepciones religiosas que también les inquietaba. 

En agosto de 1832, siete semanas después de haber zarpado del puerto de Bristol, la familia arribó a Nueva York. En 1838, cuando Elizabeth tenía diecisiete años se trasladaron a Ohio, donde pocos meses después falleció el padre,  sumiendo a la familia en una precaria situación económica. No obstante, Elizabeth y sus hermanas asumieron la responsabilidad de contribuir con las finanzas familiares. Trabajando arduamente lograron fundar una escuela diurna y un internado para señoritas, mientras el hermano mayor comenzaba a trabajar en el Palacio de Justicia de Cincinnati.

En 1842, cuando ya todos los hermanos en edad de trabajar lo hacían, recibió una invitación para hacerse cargo de una escuela para niñas en Henderson, Kentucky. Posteriormente ejerció también como maestra, entre los años 1845 a1847, en Carolina del Norte y del Sur.

Fue durante esa época, cuenta Elizabeth, «cuando una amiga me sugirió que estudiara medicina». Esta amiga finalmente murió de una dolorosa enfermedad, cuya delicada naturaleza hacía que los métodos de tratamiento fueran un sufrimiento constante para ella.

El rechazo instintivo a la sugerencia de la amiga fue rotundo, pero paulatinamente comenzó a evaluar las posibilidades de hacerlo, preguntando a varios médicos amigos de la familia, si sería factible que una mujer pudiera estudiar medicina. La respuesta recibida fue unánime: «la idea era buena, pero imposible de realizar»

La desalentadora respuesta, proveniente de los respetados médicos consultados, lejos de desanimarla la hizo reflexionar, considerando que si “una idea realmente era valiosa debía haber alguna forma de realizarla”. Desde ese momento su determinación de estudiar medicina tomó gradualmente en ella el aspecto de una gran lucha moral, y la lucha moral en un inmenso atractivo.

No obstante, su determinación tuvo buena acogida entre otros médicos, como los hermanos Dickson; John, radicado en Carolina del Norte y Samuel, en Carolina del Sur, que la apoyaron

Carolina del Norte

Después de algún tiempo superando incertidumbres y contratiempos, pero determinada ya a estudiar medicina, y contando con el estímulo familiar, aceptó ejercer como profesora en una escuela de Asheville, Carolina del Norte, donde también podría comenzar sus estudios con el reverendo John Dickson, director de la escuela y antiguo médico.

El 16 de junio de 1845, acompañada por dos de sus hermanos llegó a Asheville; en 1846 la escuela fue disuelta y se trasladó a Charleston, Carolina del Sur, con la esposa del reverendo.

En Charleston recibió una calurosa bienvenida por parte del Dr. Samuel H. Dickson,  su señora y la hija de ambos. El Dr. Dickson, un distinguido médico y profesor de la Facultad de Medicina de la ciudad contribuyó a estimular aún más sus deseos de estudiar medicina, mientras se desempeñaba en esta ocasión como maestra de música.

Durante el verano de 1846 comenzó a escribir cartas a otros destacados médicos exponiendo su objetivo y preguntándoles si podían ayudarla a ingresar en una escuela de medicina.

Lamentablemente todos los médicos de Filadelfia y Nueva York, cuyos consejos solicitó coincidían desalentadoramente en que una mujer nunca sería admitida en una facultad de medicina, sólo podría hacerlo fingiendo ser un hombre; incluso los médicos más liberales, pensaban que sus deseos eran irrealizables.

A uno de los tantos que escribió fue al Dr. Joseph Warrington, un respetado médico de Filadelfia, que en su respuesta le sugería centrara su talento en la enfermería, por considerar poco probable que alguna escuela de medicina en los Estados Unidos la admitiera.

Rechazos y apoyo

A pesar de la negatividad de las respuestas recibidas Elizabeth no se amilanó. En mayo de 1847, con el dinero ahorrado durante todos los años de ejercer como maestra, viajó a Filadelfia. para investigar personalmente las oportunidades que podría tener.

Fue en el hogar de la familia del Dr. William Elder, donde se alojó, que encontró el apoyo que tanto necesitaba en esos momentos.  La relación entre ella, el médico y su esposa, devino pronto en una buena amistad. Él la ayudaba con sus consejos, y ambos alentaban su determinación de estudiar. Gracias a su tenacidad, admirada aun por los más pesimistas, inició estudios privados de anatomía con el Dr. Jonathan M. Allen.

Paradógicamente, posiblemente el apoyo más significativo que recibió fue proporcionado por el Dr. Warrington, a quien ella consideró desde que lo conoció como una persona honesta y bondadosa, mientras él admiraba su seriedad y determinación. En poco tiempo la mutua simpatía dio lugar a una incipiente amistad, y ésta a proporcionar a Elizabeth la oportunidad de utilizar la biblioteca privada del médico, acompañarlo ocasionalmente durante las visitas que realizaba a sus pacientes, y ser invitada a sus conferencias; incluso, al margen de su escéptica opinión sobre la posibilidad de que sus deseos triunfaran sobre los prejuicios que impedían la admisión de mujeres en una escuela de medicina, le hizo saber que podría contar con una recomendación suya si se presentara la ocasión de hacerlo.

Triunfo de la tenacidad

Después de haber sido rechazada en numerosas facultades de medicina fue admitida en el Geneva College, una pequeña escuela ubicada en una zona rural de Nueva York. Con la solicitud de admisión de Elizabeth llegó al decano de la universidad, el doctor Charles Lee, una carta de recomendación escrita por el Dr. Warrington. Era la primera vez que una mujer aplicaba para ser admitida en el Geneva College. El decano no estaba dispuesto a aceptarla, y posiblemente no lo hubiera hecho, pero debe haber considerado más inapropiado ignorar la recomendación de un médico tan respetado como el Dr. Warrington.

Dejó entonces la responsabilidad de admitir o rechazar la solicitud al alumnado.  Al dirigirse a ellos les leyó la carta de recomendación del Dr. Warrington.  Terminó conminándolos a discutir el tema y tomar una determinación a favor o en contra de la admisión.  La mayoría, estimando que todo era una broma votaron, entre risas y alborotos, por la admisión de la joven Blackwell.

No sabía ella como se había determinado su admisión. La carta de aceptación decía, que considerada su solicitud el cuerpo docente la había presentado a los estudiantes y éstos habían votado a su favor. La carta que terminaba deseándole éxito estaba firmada por el Dr. Charles A. Lee, Decano de la Facultad

A finales del mes de octubre de 1847 Elizabeth recibió la notificación de su admisión. El 4 de noviembre abandonó Filadelfia rumbo a Nueva York, llegando a la pequeña ciudad de Ginebra a las 11 de la noche del 6 de noviembre. Al día siguiente fue inscrita oficialmente como la estudiante número 130, en el departamento médico del Geneva College. El 29 de enero de 1849 se graduó como la primera de su clase, obteniendo el deseado título de medicina por el cual tanto había luchado.

A pesar de la discriminación y obstáculos que tuvo que enfrentar mientras estudiaba, y el posterior rechazo de los hospitales que no la aceptaban como médico, su determinación de continuar estudiando la llevó a Europa, para proseguir su formación médica en Londres y Paris.

En Francia, los médicos parisinos la relegaban a cuidados relacionados con partos y enfermería, pero en ella el tesón por continuar aprendiendo no dismunuía, poniendo su atención en el cuidado preventivo de la higiene personal, que —notaba—muchos de los médicos masculinos ignoraban al no lavarse las manos cuando interactuaban con sus pacientes.

En 1851 Elizabeth regresó a Nueva York. Poco después de su regreso abrió un dispensario gratuito para brindar tratamiento ambulatorio a mujeres y niños pobres, pero lamentablemente sus servicios eran muy limitados. En 1857 cerró el dispensario y fundó el “Infirmary for Indigent Women and Children hospital”,  un hospital a gran escala con camas para pacientes médicos y quirúrgicos. Su propósito no era sólo servir a las personas pobres, sino también proporcionar trabajo a otras mujeres médicos,  y un centro de formación para estudiantes de medicina y enfermería. Al principio, el personal médico estaba formado solamente por ella, su hermana Emily y Marie Zakrzewska.

Sin embargo, comprendiendo que las estudiantes, sin importar lo bien capacitadas que estuvieran,  serían rechazadas en las facultades de medicina masculinas, y persuadida de la necesidad de fundar una escuela de medicina para mujeres comenzó a trabajar arduamente para hacerlo.

El 2 de noviembre de 1868, The Woman’s Medical College of the New York Infirmary fue inaugurado, solo con 15 estudiantes matriculados y un cuerpo docente compuesto por nueve médicos;  entre los que figuraban ella, como profesora de Higiene, y su hermana Emily, como profesora de Obstetricia y Enfermedades de la Mujer.

Un año después, decidida a realizar lo que siempre había deseado dejó Nueva York para pasar los 40 años restantes de su vida en Gran Bretaña, donde ejerció la cátedra de ginecología hasta su jubilación en 1907, motivada por la incapacidad producida por una grave caída sufrida mientras se encontraba de vacaciones en Escocia. Murió en su casa, en Hampton,  Sussex, el 31 de mayo de 1910.

M.O. Fermánde«

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Fuentes consultadas