Descubrimiento de la Insulina
Orígenes históricos de la diabetes
Los primeros registros documentados sobre la diabetes muestran sin lugar a dudas la sintomatología que caracteriza la enfermedad. Las primeras referencias a esta dolencia, así como algunos de los primitivos métodos utilizados en las arcaicas culturas para tratarla pueden encontrarse en los antiguos textos del Ayurveda, el sistema tradicional de medicina india, y en los papiros médicos egipcios.
En el Ayurveda, los médicos indios identificaban los síntomas de la patología como «madhumeha», («orina dulce” o «semejante a la miel»). En el papiro Ebers se describen evidentes manifestaciones clínicas asociadas a la diabetes, en distintos pasajes del papiro se alude a la «sed excesiva» y «orina abundante».
Aunque las recomendaciones «médicas» y tratamientos, casi siempre vinculados a las concepciones místicas de sus respectivas culturas, podían producir algunos resultados paliativos no fue hasta la aparición de Areteo de Capadocia que comenzó a reconocerse la enfermedad con el nombre que la identifica actualmente, y a sentarse las bases científicas de su comprensión.
Areteo (siglo III d. C) es considerado uno de los representantes más relevantes de la medicina grecorromana posterior a Hipócrates. Su obra resulta fundamental para comprender como era observada y descrita la diabetes en la antigüedad.
Los escritos de Areteo constituyen una síntesis elaborada del conocimiento que poseían sus antecesores sobre la enfermedad. Enriquecidos con sus propias observaciones, gracias a su notable capacidad para describir los fenómenos patológicos, proporcionó una significativa y precisa exposición sobre los síntomas de la diabetes.
Es a este gran médico a quien se atribuye el término «diabetes”. El vocablo «διαβήτης» proveniente del griego, transliterado como «diab`mitēs» literalmente significa «atravesar» o «pasando a través». Según la RAE el término «diab`mitēs» al latinizarse pasa aconocerse como diabetes
Descubrimiento de la Insulina resumido.
«El descubrimiento de Minkowski.
La historia de la insulina comenzó con el descubrimiento de los investigadores alemanes Oskar Minkowski y Joseph von Mering en 1889. Hasta entonces la relación del páncreas con la diabetes era prácticamente desconocida, y nadie sabía dónde buscar los medios para controlar la enfermedad. Recordemos que el páncreas es un órgano del tamaño aproximado de una mano que vierte los jugos digestivos en el intestino.
La extirpación del páncreas causa diabetes.
Minkowski estaba estudiando la digestión y sucedió que en el curso de ciertas investigaciones, se hizo necesario operar a un perro y extirparle este órgano. Unos días después se notó que las moscas eran atraídas en gran cantidad por la orina de este perro. Se examinó la orina y la razón de las moscas. La relación entre el páncreas y la diabetes se hizo evidente de inmediato. La orina contenía azúcar. Se operó a otro animal, se le extirpó el páncreas y posteriormente desarrolló diabetes. Luego se experimentó con gatos, cerdos y ranas. En todos los casos, la extirpación completa del páncreas provocó una diabetes grave, mientras que la extirpación parcial causó una diabetes más crónica y leve.
Las islas, o islotes, de Langerhans.
Anteriormente, en 1869, Dr. Paul Langerhans describió peculiares cúmulos o «islas» de células que se diferenciaban en apariencia del resto del tejido pancreático. En 1890, ya se había demostrado que si se ligaban los conductos que salen del páncreas, las «islas» resistían la destrucción causada en el resto del órgano por la acumulación de las secreciones pancreáticas. Los animales tratados de esta manera no desarrollaron diabetes, por lo que se concluyó que eran las islas las que producían la sustancia antidiabética del páncreas. En 1916, Sir Edward Albert Sharpey nombró insulina a esta sustancia, haciendo alusión a los «islas» de Langerhans y a la etimología del vocablo derivado del latín, «insula» . No obstante, como es habitual encontrar en la historia, también se atribuye a un investigador belga, Jean de Meyer haber acuñado el término en 1909.
Mientras tanto, numerosos científicos se esforzaban por extraer del páncreas el principio antidiabético. Algunos de estos intentos casi tuvieron éxito. Muchos de ellos fracasaron porque en aquel entonces se desconocía que la insulina se inactiva al administrarse por vía oral y al ser sometida a la acción desintegradora de los jugos digestivos. Se realizaron innumerables intentos para controlar la diabetes mediante la administración de páncreas fresco o de pastillas y gránulos elaborados a partir de él. Todos esos esfuerzos fueron infructuosos, no obstante, varias compañías farmacéuticas continuaron vendiendo pastillas pancreáticas como remedios para la diabetes. Los mejores resultados fueron obtenidos al injertar fragmentos de páncreas en perros diabéticos carentes de ese órgano. La diabetes experimental en animales tratados de esta manera puede controlarse, pero tales procedimientos no ofrecen ninguna ventaja para el ser humano, ya que los injertos de un animal inferior al hombre invariablemente se atrofian, es decir, se encogen y desaparecen.
La idea de Banting.
Así estaba planteado el tema cuando, en el otoño de 1920, el Dr. Frederick Banting, recién llegado de la guerra, comenzó su interés por la diabetes. La idea surgió mientras leía un artículo que trataba sobre el páncreas, específicamente sobre la relación de los «islotes» de Langerhans con la enfermedad. La lectura del artículo le hizo considerar los cambios degenerativos que podrían producirse en los acinos (células conectadas con los conductos o sistema de vías) si los conductos fueran ligados.
De esta concepción, surgió la idea de que, dado que el tejido acinoso, pero no el de los islotes, degenera después de la operación, se podría aprovechar este hecho para preparar un extracto activo de tejido de los islotes. La hipótesis secundaria era que el tripsinógeno (uno de los fermentos digestivos producidos por las células acinosas) o sus derivados eran antagónicos a la secreción interna de la glándula. De este modo, se explicaban los fracasos de otros investigadores en este campo tan estudiado. En otras palabras, Banting pensaba que el fracaso de sus predecesores se debía a la probabilidad de que los jugos digestivos del páncreas destruyeran la insulina antes de que pudiera extraerse de los islotes, y su plan consistía en sortear esta dificultad destruyendo primero la parte del páncreas implicada en la producción de estos jugos.
La primera insulina.
Banting llevó su idea al profesor John James Rickard Macleod de la Universidad de Toronto. Recibió aliento e instalaciones para trabajar, y en el laboratorio del profesor Macleod, con la hábil asistencia del Dr. Charles Herbert Best, puso a prueba la idea, y funcionó. Perros a los que se les había inducido diabetes extirpándoles el páncreas, y fueron tratados con material obtenido de páncreas degenerados, pudieron mantenerse con vida. El azúcar en su sangre y en sus orines disminuyeron cada vez que el material era inyectado debajo de la piel. Esta fue la primera insulina. El siguiente paso se dio poco después.
Banting y Best sabían, por el trabajo de sus predecesores, que el páncreas de embriones o fetos de animales muestran tejido insular en algún momento de su desarrollo, antes de que el tejido responsable de los jugos digestivos esté completamente formado. Por lo tanto, se les ocurrió que podrían eludir la acción destructiva de los jugos produciendo insulina a partir de embriones de terneros. Esto se intentó y tuvo éxito. Se obtuvo suficiente insulina para probarla en un paciente. Desarrollos posteriores permitieron la preparación de insulina a partir de animales adultos. Los páncreas de cerdos y de reses de mataderos se convirtieron en fuentes de insulina. Al principio, estas preparaciones contenían algo de proteína que las hacía tóxicas e inadecuadas para su uso en pacientes humanos. Otro químico de la Universidad de Toronto, el profesor JB Collip, superó esta dificultad y, con la cooperación de un grupo de médicos competentes de la universidad, los doctores Graham, Campbell y Fletcher, la nueva insulina se utilizó en un gran grupo de pacientes, y su valor quedó así definitivamente establecido.
Concesión del Premio Novel por el descubrimiento de la Insulina
1923, no hubo dudas sobre quienes merecían el honor de recibir el premio, pero sí posteriores discrepancias.
El premio fue concedido a los doctores Frederick G. Banting y John James Rickard Macleod de Toronto por su trabajo en el descubrimiento de la insulina. Ambos compartieron el premio con los colegas que habían participado en el descubrimiento, los doctores Charles Herbert Best y James Bertram Collip. CITA: Collip, según la Universidad de Toronto, «fue codescubridor de la insulina; profesor de bioquímica en la Universidad de Alberta; jefe del Departamento de Bioquímica y director del Instituto de Endocrinología de la Universidad McGill; y decano de la Facultad de Medicina y jefe del Departamento de Investigación Médica de la Universidad de Western Ontario.
La insulina disponible para todos
Patentización, fabricación y distribución.
La patentización de descubrimientos realizados por la clase médica suele ser considerada con reserva dentro de la profesión, ya que puede interpretarse como contraria a su código ético. Sin embargo, la patente de la insulina no vulneró dicho principio. Aunque fue registrada a nombre del Dr. Banting y sus asociados, ellos la transfirieron directamente a la Universidad de Toronto, no con fines comerciales, sino como un mecanismo para evitar una explotación indebida del descubrimiento.
Fabricación y venta
Uno de los aspectos más singulares del descubrimiento de la insulina fue el método establecido para su fabricación y el control de su venta. Sus descubridores no buscaban obtener ganancias indebidas por su trabajo; por el contrario, tenían un marcado interés en que la producción y la distribución a gran escala estuvieran sometidas a supervisión científica. Por ello, se adoptaron medidas para que la insulina se fabricara bajo control riguroso: en Estados Unidos, por la compañía Eli Lilly; en Canadá, por los Laboratorios Connaught; y, posteriormente, por otros laboratorios nacionales y extranjeros.
Diabetes: Its Cause and Its Treatment with Insulin/The Story of Insulin
By Russell M. Wilder, MD
Copyright © 1925,
2025, Currently public domain
Translation and editing by MediRevista, July 2025
Resumen del impacto de la insulina en la medicina moderna
El descubrimiento de la insulina constituye uno de los hitos científicos más relevantes del siglo XX, tanto por su importancia terapéutica como por las profundas transformaciones que produjo en el tratamiento de la diabetes mellitus. Antes de su introducción clínica, la diabetes era una enfermedad de pronóstico severo, especialmente en pacientes jóvenes, y las alternativas disponibles se limitaban principalmente a dietas estrictas que apenas prolongaban la supervivencia y deterioraban de manera considerable la calidad de vida.
La investigación desarrollada en la Universidad de Toronto permitió aislar y perfeccionar el uso de esta hormona pancreática, abriendo el camino hacia una terapia capaz de regular los niveles de glucosa en la sangre y modificar positivamente la evolución clínica de la enfermedad. En este proceso participaron figuras fundamentales como Frederick G. Banting, Charles H. Best, John James Rickard Macleod y James B. Collip, cuyos aportes hicieron posible transformar un hallazgo experimental en un tratamiento aplicable a pacientes.
La trascendencia de este descubrimiento no se limitó al ámbito científico, sino que tuvo un profundo impacto social y humano. La insulina convirtió una enfermedad considerada frecuentemente fatal en una condición susceptible de control médico continuo, lo que permitió ampliar la esperanza de vida de millones de personas y sentó las bases para el desarrollo posterior de la endocrinología, la farmacología moderna y la investigación biomédica aplicada.
En reconocimiento a la magnitud de este avance fue reconocido. en 1923 el Premio Nobel de Fisiología o Medicina fue concedido a Frederick G. Banting y John James Rickard Macleod por el descubrimiento de la insulina. Este galardón reflejó la relevancia universal de una innovación que no solo representó un progreso científico excepcional, sino también una respuesta concreta a una necesidad médica urgente.
Los predecesores
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