IBN AL-NAFIS

El  DESCUBRIDOR ÁRABE DE LA CIRCULACIÓN MENOR

Ibn Al-Nafis nació en 1210 en Damasco, ciudad donde comenzó sus estudios de medicina. Posteriormente se trasladó al Cairo donde ejerció como director médico de los hospitales de Al-Nassri y Al-Mansouri . Conoció las obras de Galeno y de Avicena, y sobre éste escribió «Comentario sobre la anatomía del Canon de Avicena», en el que, entre otras cosas, cuestiona la anatomía de Galeno, aunque  coincidiendo con él en algunos aspectos. En su voluminoso libro sobre el arte de la medicina titulado «Kitab al-Shamil», incluye secciones específicas sobre técnicas quirúrgicas y sobre las obligaciones de los médicos con sus pacientes. También escribió diversos tratados sobre enfermedades oculares y sobre la dieta, así como comentarios a los escritos del médico griego Hipócrates de Cos. Su aportación más destacada fue el descubrimiento de la circulación menor de la sangre (circulación pulmonar), al que llegó 

seguramente por reflexión pura, ya que la disección estaba prohibida por la ley musulmana; tal aportación se halla en su obra «Sharh Tashrrih al-Qanun». Su teoría no fue aceptada por sus contemporáneos, sin embargo, ya en el siglo XVI, el teólogo y médico español Miguel Servet, que conocía su obra traducida al español, se inspirara en ella para producir la suya.

La teoría generalmente aceptada se basaba en los criterios de Galeno cuyas especulaciones estimaban que la sangre llegada a la parte derecha del corazón atravesaba el septo cardíaco a través de «poros invisibles» para acabar en la parte izquierda, donde finalmente se mezclaba con el aire y se creaba el espíritu vital que ulteriormente se distribuía por todo el cuerpo.

El «Comentario de la anatomía del Canon de Avicena» se dio a conocer al mundo occidental hace solo 87 años.
Un joven médico egipcio, Muhyo Al-Deen el Tatawi, encontró el manuscrito en la Biblioteca Estatal Prusiana de Berlín, mientras escribía su tesis doctoral para la facultad de medicina de la Universidad de Friburgo de Albert Ludwig im Breisgau, Alemania. El joven médico fue posteriormente empleado por el Servicio de Salud Pública de Egipto y trasladado a pequeñas ciudades provinciales donde lamentablemente no pudo realizar más investigaciones. Afortunadamente, Max Meyerhof, un eminente médico Orientalista en El Cairo, se enteró del descubrimiento y escribió un breve comentario, para salvarlo del olvido, sobre el documento encontrado por del Dr. Tatawi.